sábado, 15 de octubre de 2016

Muchas de las complicaciones que se presentan en el transcurso del embarazo pueden atenderse o incluso prevenirse por medio de la atención prenatal, que consiste en una serie de consultas sistematizadas cuyo propósito es vigilar la salud de la mujer y su producto. Esta es una de las intervenciones en salud más importantes porque permite la disminución de las tasas de mortalidad materna, fetal y neonatal. En México, la norma de salud en la materia señala que, en promedio, las mujeres deben recibir cinco consultas prenatales, las cuales deben iniciar en el primer trimestre de gestación, con la finalidad de atender oportunamente los posibles riesgos de salud del binomio madre-hijo en el transcurso del embarazo.

Para 2014, los datos del Subsistema de Información sobre Nacimientos (SINAC), muestran que en este grupo etario, 95.8% recibieron atención prenatal, siendo 6.8 el promedio de consultas prenatales . Por edad desplegada, las mujeres de 15 años son las que presentan los porcentajes más bajos de atención a la primera consulta prenatal (5.4% en el primer trimestre y 6.5% para el tercer trimestre); sin embargo, conforme avanza la edad, se observan porcentajes más altos de atención en la primera consulta. Cabe resaltar que 30.6% de las mujeres embarazadas de 19 años no recibieron atención prenatal. Las complicaciones durante el embarazo impactan en el desarrollo gestacional y las adolescentes tienen más probabilidades de presentar placenta previa, preclamsia y anemia grave8 y otras condiciones pueden generar abortos o mortinatos (como también se denomina a la muerte fetal). En 2013, del total de mujeres en edad fértil (15 a 49 años) que presentaron un aborto, 18.7% son adolescentes.  Respecto a los mortinatos en el mismo periodo, 17.9% de estos corresponde a mujeres de 15 a 19 años.
Al igual que en el periodo prenatal, durante el parto las adolescentes tienen mayor riesgo de presentar complicaciones. Entre los principales problemas se destaca el parto prematuro, partos prolongados, desproporción céfalo-pélvica y formación de fístulas recto-vaginales o cistovaginales. De manera general se ha observado que los bebés de las mujeres adolescentes presentan retraso en el crecimiento uterino y nacen prematuramente, condiciones que predisponen al bajo peso al nacer. Para 2014, de las madres adolescentes de 15 a 19 años que tuvieron hijos, 91.8% tienen un peso normal al nacer (entre 2 500 y 3 999 gramos); 6.2% de bajo peso y 2% tuvieron hijos con un peso de 4 000 gramos o más (macrosomía). Para el caso de los niños con bajo peso, es de resaltar que, las madres más jóvenes son las que mayormente tienen hijos con tendencia al bajo peso en comparación con las de 19 años.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), entre sus recomendaciones internacionales para la disminución del embarazo adolescente, plantea que los países promulguen leyes que fijen edades mínimas para el matrimonio, así como buscar incidir en familias y comunidades para que las niñas y chicas adolescentes no sean dadas en matrimonio hasta que se hayan desarrollado; promover el uso de anticonceptivos y la preparación de los servicios de salud para atender adecuadamente a las adolescentes embarazadas y en caso de que las leyes lo permitan y las adolescentes así lo decidan, puedan abortar bajo condiciones seguras. En el país, el Consejo Nacional de Población instrumentó la Estrategia Nacional para la Prevención del Embarazo en Adolescentes, la cual destaca la promoción de la salud sexual y reproductiva, el uso de métodos anticonceptivos, el aseguramiento de que los jóvenes finalicen los niveles de la educación obligatoria, el fortalecimiento de acciones de prevención y atención a la violencia y el abuso sexual, especialmente en sectores vulnerables, y la atención especial en salud a las mujeres pertenecientes a este grupo de edad.

Muchas muertes fetales y causas de aborto espontáneo, así como otras complicaciones durante el periodo del embarazo pueden prevenirse o tratarse si la mujer recibe atención prenatal, que tiene el objetivo de vigilar el desarrollo gestacional, identificar factores de riesgo como antecedentes heredo familiares, personales patológicos y no patológicos, identificar los riesgos fetales y preparar a la mujer para el proceso del parto, puerperio y atención al recién nacido. Según la Norma Oficial Mexicana NOM-007-SSA2-2016, Para la atención de la mujer durante el embarazo, parto y puerperio, y de la persona recién nacida, esta atención debe brindarse en un mínimo de cinco consultas en embarazos de bajo riesgo, iniciando en las primeras ocho semanas de gestación y para embarazos de alto riesgo el número de revisiones puede incrementarse según las necesidades de salud. 

Con datos de la ENADID 2014, se observa que 97.2% de las mujeres reciben atención prenatal, y un promedio de 8.5 consultas durante el embarazo; si se analiza por trimestre del embarazo, durante el primer trimestre reciben 2.6 consultas; en el segundo trimestre, 3.1 y en el último trimestre, 3.7 consultas de revisión prenatal. De manera general, esto muestra que conforme se acerca el momento del parto, la atención a la mujer se va incrementando en pos de prever y prevenir complicaciones en ese momento. Una de las técnicas médicas desarrolladas para enfrentar aquellas circunstancias que ponen en riesgo la vida del producto y la madre al momento del parto es la cesárea. En principio, esta intervención quirúrgica estaba reservada para circunstancias específicas; sin embargo, desde la década de 1980 se ha observado un incremento innecesario en su uso, razón por la cual la Organización Mundial de la Salud (OMS) exhorta a los países a lograr una tasa ideal de cesáreas que oscile entre 10 y 15%9 ya que al tratarse de una operación, pueden presentarse infecciones y hemorragias e impactar en la salud reproductiva de la mujer. En México, en el periodo de enero de 2009 a septiembre de 2014, 46.2% de los partos fueron por cesárea, siendo el estado de Yucatán el que presentó el porcentaje más alto de este procedimiento (58.1%), seguido de Tlaxcala (55%) y Nuevo León (54.4 por ciento); en el otro extremo se encuentra Chiapas, con 29.9% de cesáreas.


El periodo posterior al parto es conocido como puerperio, posparto o cuarentena (por abarcar 40 días en promedio), y se caracteriza por la involución del útero y el regreso del cuerpo de la mujer a un estado similar previo al embarazo. En el posparto pueden presentarse situaciones de riesgo, lo que hace necesaria una vigilancia estrecha por parte de los prestadores de servicios de salud, destacando que entre las principales causas de mortalidad materna se encuentran las hemorragias graves (que pueden causar la muerte en dos horas si no hay una atención adecuada) y las infecciones durante esta fase10. La NOM-007-SSA2-2016, señala que durante la primera hora posterior al parto se debe revisar a la mujer cada 15 minutos para monitorear frecuencia cardiaca y respiratoria, presión arterial, temperatura, tono uterino e inicio de la micción. Al ser dada de alta, debe recibir mínimo dos controles médicos, el primero en los 15 días posteriores al parto y el segundo, al final del puerperio . De las mujeres mexicanas de 15 a 49 años con embarazo de enero de 2009 a septiembre de 2014, 81.3% tuvo revisión posparto y de ellas, 78.1% recibe esta atención oportunamente, es decir, durante los primeros 15 días. En el extremo contrario, 18.7% no recibió atención y son las mujeres de 15 a 19 años las que concentran el porcentaje más alto (26.6 por ciento).
Finalmente, un factor protector para la salud de las mujeres y sus bebés, es la lactancia materna. La leche materna resulta el mejor alimento para los recién nacidos al brindarles los nutrientes, vitaminas, minerales y la protección inmunológica necesaria para su sano desarrollo. Su consumo, como único alimento, se recomienda por un mínimo de seis meses para posteriormente formar parte de la dieta del infante, lo que se puede extender hasta los dos años o más. La práctica del amamantamiento además fortalece el vínculo o apego entre la madre y su bebé. Por otra parte, la lactancia materna también ofrece beneficios a corto plazo para las mujeres, como la reducción del riesgo de hemorragia posparto, ayuda a recuperar el peso corporal anterior al embarazo y es un método anticonceptivo natural denominado MELA o método de la amenorrea por lactancia. A largo plazo se relaciona con la disminución del riesgo de diabetes tipo II, cáncer de mama, útero y ovario12 . De las mujeres con un hijo nacido vivo en el periodo de enero de 2009 a septiembre de 2014, 91 de cada 100 dio leche materna. Considerando la duración media de la lactancia materna, se tiene que a nivel nacional, las mujeres amamantan durante 8.8 meses, siendo el estado de Oaxaca el único en el que la duración es mayor a un año (12.6 meses), en contraste con Baja California, estado con la menor duración media de lactancia con 6.6 meses.








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