Muchas de las complicaciones que
se presentan en el transcurso del embarazo pueden atenderse o incluso
prevenirse por medio de la atención prenatal, que consiste en una serie de
consultas sistematizadas cuyo propósito es vigilar la salud de la mujer y su
producto. Esta es una de las intervenciones en salud más importantes porque
permite la disminución de las tasas de mortalidad materna, fetal y neonatal. En
México, la norma de salud en la materia señala que, en promedio, las mujeres
deben recibir cinco consultas prenatales, las cuales deben iniciar en el primer
trimestre de gestación, con la finalidad de atender oportunamente los posibles
riesgos de salud del binomio madre-hijo en el transcurso del embarazo.

Para 2014, los datos del
Subsistema de Información sobre Nacimientos (SINAC), muestran que en este grupo
etario, 95.8% recibieron atención prenatal, siendo 6.8 el promedio de consultas
prenatales . Por edad desplegada, las mujeres de 15 años son las que presentan
los porcentajes más bajos de atención a la primera consulta prenatal (5.4% en
el primer trimestre y 6.5% para el tercer trimestre); sin embargo, conforme
avanza la edad, se observan porcentajes más altos de atención en la primera
consulta. Cabe resaltar que 30.6% de las mujeres embarazadas de 19 años no
recibieron atención prenatal. Las complicaciones durante el embarazo impactan
en el desarrollo gestacional y las adolescentes tienen más probabilidades de
presentar placenta previa, preclamsia y anemia grave8 y otras condiciones
pueden generar abortos o mortinatos (como también se denomina a la muerte
fetal). En 2013, del total de mujeres en edad fértil (15 a 49 años) que
presentaron un aborto, 18.7% son adolescentes. Respecto a los mortinatos en el mismo periodo,
17.9% de estos corresponde a mujeres de 15 a 19 años.

Al igual que en el
periodo prenatal, durante el parto las adolescentes tienen mayor riesgo de
presentar complicaciones. Entre los principales problemas se destaca el parto
prematuro, partos prolongados, desproporción céfalo-pélvica y formación de
fístulas recto-vaginales o cistovaginales. De manera general se ha observado
que los bebés de las mujeres adolescentes presentan retraso en el crecimiento
uterino y nacen prematuramente, condiciones que predisponen al bajo peso al
nacer. Para 2014, de las madres adolescentes de 15 a 19 años que tuvieron
hijos, 91.8% tienen un peso normal al nacer (entre 2 500 y 3 999 gramos); 6.2%
de bajo peso y 2% tuvieron hijos con un peso de 4 000 gramos o más
(macrosomía). Para el caso de los niños con bajo peso, es de resaltar que, las
madres más jóvenes son las que mayormente tienen hijos con tendencia al bajo
peso en comparación con las de 19 años.
La Organización Mundial de la
Salud (OMS), entre sus recomendaciones internacionales para la disminución del
embarazo adolescente, plantea que los países promulguen leyes que fijen edades
mínimas para el matrimonio, así como buscar incidir en familias y comunidades
para que las niñas y chicas adolescentes no sean dadas en matrimonio hasta que
se hayan desarrollado; promover el uso de anticonceptivos y la preparación de
los servicios de salud para atender adecuadamente a las adolescentes
embarazadas y en caso de que las leyes lo permitan y las adolescentes así lo
decidan, puedan abortar bajo condiciones seguras. En el país, el Consejo
Nacional de Población instrumentó la Estrategia Nacional para la Prevención del
Embarazo en Adolescentes, la cual destaca la promoción de la salud sexual y
reproductiva, el uso de métodos anticonceptivos, el aseguramiento de que los
jóvenes finalicen los niveles de la educación obligatoria, el fortalecimiento
de acciones de prevención y atención a la violencia y el abuso sexual,
especialmente en sectores vulnerables, y la atención especial en salud a las
mujeres pertenecientes a este grupo de edad.

Muchas muertes fetales y causas
de aborto espontáneo, así como otras complicaciones durante el periodo del
embarazo pueden prevenirse o tratarse si la mujer recibe atención prenatal, que
tiene el objetivo de vigilar el desarrollo
gestacional, identificar factores de riesgo como antecedentes heredo
familiares, personales patológicos y no patológicos, identificar los riesgos
fetales y preparar a la mujer para el proceso del parto, puerperio y atención
al recién nacido. Según la Norma Oficial Mexicana NOM-007-SSA2-2016, Para la
atención de la mujer durante el embarazo, parto y puerperio, y de la persona
recién nacida, esta atención debe brindarse en un mínimo de cinco consultas en
embarazos de bajo riesgo, iniciando en las primeras ocho semanas de gestación y
para embarazos de alto riesgo el número de revisiones puede incrementarse según
las necesidades de salud.

Con datos de la ENADID 2014, se
observa que 97.2% de las mujeres reciben atención prenatal, y un promedio de
8.5 consultas durante el embarazo; si se analiza por trimestre del embarazo,
durante el primer trimestre reciben 2.6 consultas; en el segundo trimestre, 3.1
y en el último trimestre, 3.7 consultas de revisión prenatal. De manera
general, esto muestra que conforme se acerca el momento del parto, la atención
a la mujer se va incrementando en pos de prever y prevenir complicaciones en
ese momento. Una de las técnicas médicas desarrolladas para enfrentar aquellas
circunstancias que ponen en riesgo la vida del producto y la madre al momento
del parto es la cesárea. En principio, esta intervención quirúrgica estaba
reservada para circunstancias específicas; sin embargo, desde la década de 1980
se ha observado un incremento innecesario en su uso, razón por la cual la
Organización Mundial de la Salud (OMS) exhorta a los países a lograr una tasa
ideal de cesáreas que oscile entre 10 y 15%9 ya que al tratarse de una
operación, pueden presentarse infecciones y hemorragias e impactar en la salud
reproductiva de la mujer. En México, en el periodo de enero de 2009 a
septiembre de 2014, 46.2% de los partos fueron por cesárea, siendo el estado de
Yucatán el que presentó el porcentaje más alto de este procedimiento (58.1%),
seguido de Tlaxcala (55%) y Nuevo León (54.4 por ciento); en el otro extremo se
encuentra Chiapas, con 29.9% de cesáreas.

El periodo posterior al parto es
conocido como puerperio, posparto o cuarentena (por abarcar 40 días en
promedio), y se caracteriza por la involución del útero y el regreso del cuerpo
de la mujer a un estado similar previo al embarazo. En el posparto pueden
presentarse situaciones de riesgo, lo que hace necesaria una vigilancia
estrecha por parte de los prestadores de servicios de salud, destacando que
entre las principales causas de mortalidad materna se encuentran las
hemorragias graves (que pueden causar la muerte en dos horas si no hay una
atención adecuada) y las infecciones durante esta fase10. La NOM-007-SSA2-2016,
señala que durante la primera hora posterior al parto se debe revisar a la
mujer cada 15 minutos para monitorear frecuencia cardiaca y respiratoria,
presión arterial, temperatura, tono uterino e inicio de la micción. Al ser dada
de alta, debe recibir mínimo dos controles médicos, el primero en los 15 días
posteriores al parto y el segundo, al final del puerperio . De las mujeres
mexicanas de 15 a 49 años con embarazo de enero de 2009 a septiembre de 2014,
81.3% tuvo revisión posparto y de ellas, 78.1% recibe esta atención
oportunamente, es decir, durante los primeros 15 días. En el extremo contrario,
18.7% no recibió atención y son las mujeres de 15 a 19 años las que concentran
el porcentaje más alto (26.6 por ciento).


Finalmente, un factor protector
para la salud de las mujeres y sus bebés, es la lactancia materna. La leche
materna resulta el mejor alimento para los recién nacidos al brindarles los
nutrientes, vitaminas, minerales y la protección inmunológica necesaria para su
sano desarrollo. Su consumo, como único alimento, se recomienda por un mínimo
de seis meses para posteriormente formar parte de la dieta del infante, lo que
se puede extender hasta los dos años o más. La práctica del amamantamiento
además fortalece el vínculo o apego entre la madre y su bebé. Por otra parte,
la lactancia materna también ofrece beneficios a corto plazo para las mujeres,
como la reducción del riesgo de hemorragia posparto, ayuda a recuperar el peso
corporal anterior al embarazo y es un método anticonceptivo natural denominado
MELA o método de la amenorrea por lactancia. A largo plazo se relaciona con la
disminución del riesgo de diabetes tipo II, cáncer de mama, útero y ovario12 .
De las mujeres con un hijo nacido vivo en el periodo de enero de 2009 a
septiembre de 2014, 91 de cada 100 dio leche materna. Considerando la duración
media de la lactancia materna, se tiene que a nivel nacional, las mujeres
amamantan durante 8.8 meses, siendo el estado de Oaxaca el único en el que la
duración es mayor a un año (12.6 meses), en contraste con Baja California,
estado con la menor duración media de lactancia con 6.6 meses.
