Durante el
siglo XIX mexicano, la familia fue la institución más importante para la
conservación de la riqueza, de la sangre y de la religión, por medio de ella se
dan las alianzas matrimoniales y, por ende, el mantenimiento del poder, del linaje y la riqueza. La
iglesia ve en esta institución, por un lado, la conservación de la religión y,
por el otro, la conservación de su poder político, económico y social.
La familia las
preparaba para el matrimonio o para el claustro, con la finalidad de servir ya
sea a dios o a su marido. La mujer de clase alta fue sometida al igual que las
demás mujeres, presa de su época y su riqueza, encerrada en la ambición y el
poder, nunca vio un amanecer más allá de lo que su clase le permitía. La mujer
de alcurnia era educada con más rigurosidad que la mujer de las otras clases,
ya que ella representaba el honor y el respeto del país, además pertenecía a lo
máximo de la población y, por lo tanto, no debía permitírsele caer en la
perdición.
La influencia de la familia y la
iglesia en su vida tenía un gran peso para su formación matrimonial, ya que
estos dos elementos le proporcionaban los ideales para ser "feliz". Ella
nunca conoció el verdadero amor, aunque siempre lo soñaba, pues desde pequeña
era "vendida" al mejor postor con la finalidad de salvar de la ruina
a su padre o a su futuro marido.
Cuando la mujer de clase
alta se unía en matrimonio al hombre, iba carente de amor y sentimientos, la
procreación de los hijos se tenía que dar por proceso natural para conservar la sangre; pero nunca por amor. Si
la mujer procreaba hijos varones tenía mayor aceptación y adquiría una posición
de valor y presunción.
En general, la clase alta
fue la que más dinero y poder poseía dentro del ámbito social, pero la mujer
siguió sufriendo los penares del momento histórico, la abnegación, las buenas
costumbres y el porte eran considerados propios de su clase, por ello tenían
que conservarlo a como diera lugar.
TASAS DE NATALIDAD
Si bien desde 1990 se ha registrado un descenso considerable,
aunque irregular, en las tasas de natalidad entre las adolescentes, un 11%
aproximadamente de todos los nacimientos en el mundo se producen todavía entre
muchachas de 15 a 19 años. La gran mayoría de esos nacimientos (95%) ocurren en
países de ingresos bajos y medianos.
En las estadísticas sanitarias mundiales 2014 se indica que la
tasa media de natalidad mundial entre las adolescentes de 15 a 19 años es de 49
por 1000 muchachas. Las tasas nacionales oscilan de 1 a 299 nacimientos por
1000 muchachas, siendo las más altas las del áfrica subsahariana.
El embarazo en la adolescencia sigue siendo uno de los principales
factores que contribuyen a la mortalidad materna e infantil y al círculo de
enfermedad y pobreza.

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