- · CONSECUENCIAS ECONÓMICAS Y SOCIALES
El
embarazo en la adolescencia puede también tener repercusiones sociales y
económicas negativas para las muchachas, sus familias y sus comunidades. Muchas
adolescentes que se quedan embarazadas se ven obligadas a dejar la escuela. Una
adolescente con escasa o ninguna educación tiene menos aptitudes y
oportunidades para encontrar un trabajo. Esto puede también tener un costo
económico para el país, puesto que se pierden los ingresos anuales que una
mujer joven hubiera ganado a lo largo de su vida de no haber tenido un embarazo
precoz.
SITUACIÓN LABORAL
Las
madres tienen un rol decisivo en las familias, que son una fuente importante de
cohesión social e integración. Por ello, la relación que mantienen con los
hijos es fundamental para el desarrollo sano de los niños. También es cierto
que las madres no son únicamente fuente de cuidados, ya que adicional a esto y
a las actividades domésticas que realizan, ellas contribuyen al sustento de sus
familias13 mediante su incorporación al mercado de trabajo. De acuerdo con la
Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), en el cuarto trimestre de 2015,
la tasa de participación económica de las mujeres de 15 años y más con al menos
un hijo nacido vivo es de 44.2%, de las cuales, 96.7% combina sus actividades
extradomésticas con los quehaceres domésticos. Con respecto a la unidad
económica donde laboran, 33.4% de la población femenina ocupada y con hijos trabaja
en el sector informal, 36.3% en empresas y 16.3% en instituciones.
Referente al tipo de ocupación,
la mayoría son comerciantes (51.4%) o trabajadores industriales artesanos y
ayudantes (28.2%). Las mujeres que no tienen hijos cuentan con un perfil ocupacional
muy distinto: la mayoría trabaja en empresas (51.6%)
seguido por las que laboran en el sector informal (20.1%), y casi dos de cada
10 (19.1%) labora en instituciones. Así mismo, hay una mayor proporción que
laboran como comerciantes (49.4%) y trabajadores industriales artesanos y
ayudantes (30.8%).
Atendiendo a su situación
conyugal, la tasa de participación económica más alta se da entre las madres
solteras (70.9%), le siguen las divorciadas (67.6%) y las separadas (66.5%); en
tanto que las que se encuentran en unión libre y casadas muestran una tasa de
41% y 39.7% respectivamente, por lo que poco más de cuatro de cada 10 trabajan
o buscan trabajo.
Otros aspectos que hay que
destacar entre las trabajadoras con hijos es que 13.7% de ellas no tienen
instrucción y casi tres de cada 10 (29.6%) cuenta con estudios a nivel medio
superior y superior; en tanto que en las mujeres sin hijos, la proporción que
no cuenta con instrucción disminuye a 3.7% y las que cuentan con estudios a
nivel medio superior y superior aumenta a 56 por ciento.
Cabe señalar que dos de cada
siete mujeres ocupadas y con hijos (27.5%) trabajan por cuenta propia; 2.8%
trabaja como empleadora; 27.5% no reciben remuneración por su trabajo y la
mayoría (62.6%) son trabajadoras subordinadas y remuneradas. De estas, 17.7%
trabaja más de 48 horas a la semana; 47.3% gana menos de dos salarios mínimos y
un porcentaje considerable de estas no tiene acceso a servicios de salud por su
trabajo (12.3%), además de laborar sin contar con un contrato escrito (44.3 por
ciento). Aunado a esto, muchas mujeres trabajadoras no cuentan con la
protección de alguna institución de seguridad social. Según datos de la
Encuesta Nacional de Empleo y Seguridad Social (ENESS) 2013, 39.6% de las
mujeres en edad fértil (15 a 49 años) que tiene alguna ocupación o empleo,
cuentan con acceso a instituciones de salud otorgados por su trabajo.
Esto provoca que 13.3% no
obtengan la licencia médica cuando la necesiten por parto o por complicaciones
del embarazo y aborto. De acuerdo con datos de la ENESS 2013, un problema al
que se enfrentan las madres trabajadoras es el cuidado de sus hijos pequeños en
horario laboral; ya que del total de niños menores de siete años y que su mamá
trabaja: 31.1% se encuentran al cuidado de su abuela, 25.3% su mamá lo lleva al
trabajo, 12.9% están en una institución educativa, 17.4% se encuentra al
cuidado de su papá o de otro familiar, 9.4% son asistidos por una guardería
(pública o privada), 2.8% lo deja con una persona que no es familiar, o bien,
lo deja solo (0.5 por ciento).





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